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lunes, 2 de abril de 2018

¿BOICOT AL MUNDIAL 2018 RUSIA?












POR LA ESPIRAL
                             Claudia Luna Palencia
@claudialunapale




-¿Boicot al Mundial  2018 Rusia?



            A 74 días de distancia de la inauguración del Mundial de Fútbol 2018 con sede en Rusia, hay cierto nerviosismo en la FIFA: flota en el ambiente una espesa bruma de sopor que amenaza con terminar politizando a la más famosa de las justas deportivas del balompié.

        En los últimos días prácticamente el tema ha dominado  los editoriales británicos de todos los medios de comunicación autocuestionándose –con cierto morbo- si Reino Unido, su gobierno, tiene la capacidad de boicotear dicha competición internacional.

            Un encuentro amistoso entre las selecciones más representativas de 32 países, del 14 de junio al 15 de julio en diversas sedes de Rusia, una nación preparada para recibir a todo el contingente deportivo así como a los millones de turistas.

            Diversos periódicos como The Guardian y The Telegraph  deslizan, junto con otros medios electrónicos y digitales la siguiente interrogante: ¿Could England boycott  the World Cup? Así es, estimado lector, lanzan mordazmente la especie de si  la premier británica, Theresa May, puede tener el eco y la capacidad suficiente como para encontrar los aliados externos necesarios para hacerle finalmente el feo a los rusos y anunciar un “castigo” al extraño caso del ex espía ruso –y a su hija- envenenados en suelo inglés.

         Estos últimos días la tensión ha subido como burbujas de champán,  el cruce de descalificaciones es mutuo entre Reino Unido y Rusia, así como de acusaciones acerca del uso del Novichok.

         Por si a alguien le quedaba duda o intentaba esconder la tensión internacional que venimos arrastrando seriamente en largos meses, ya nadie puede negar que estamos en una Guerra Fría 2.0; hemos, retrocedido lamentablemente 30 años atrás en el tiempo.

            Las históricas expulsiones diplomáticas -cuantiosas y significativas- no arrojan un ganador, en el argot deportivo hay un empate técnico, en el terreno de las relaciones internacionales prevalece un trato igual bajo los cánones del quid pro quo.

            La semana pasada de forma conjunta salieron 120 diplomáticos rusos expulsados de varios países tanto de la UE como de Estados Unidos y de otras partes del mundo; nada más, Washington, anunció la inminente salida de 48 empleados de la sede rusa en suelo norteamericano a los que sumó 12 más de la misión de la ONU; y otras 60 personas salieron de las representaciones rusas en Europa y hasta de Australia.

         Estados Unidos apretó más el gatillo y como represalia a las denuncias  de que el Kremlin está detrás del envenenamiento al doble agente, decidió cerrar el consulado ruso en Seattle.

            En contrarrespuesta, desde Moscú, se informa la expulsión de un total de 140 diplomáticos y el cerrojo del consulado de Estados Unidos en San Petesburgo; estos días que, para unos han sido de asueto, los embajadores rusos y británicos han escenificado un cruce agrio de reproches, deslindes y señalamientos en los medios de comunicación.

            El editorial escrito por Simon Manley, embajador de Reino Unido en España, tuvo réplica al día siguiente por parte de Yuri Korchagin, embajador de la Federación de Rusia en España.

            A Korchagin, a quien entrevisté hace unos meses, la postura de Rusia es bastante clara “pide cooperación y pruebas”, en voz del destacado experto en relaciones internacionales  (hace décadas estuvo en la embajada de su país en México) “no queremos ni conflictos ni enemigos”.
A COLACIÓN
            Hay una extraña guerra de intereses es un tête à tête entre Occidente versus Rusia, como si hubiese resucitado la vieja polémica entre el capitalismo y el comunismo siendo que el país que comanda Vladimir Putin no tiene a la hoz y al martillo como guía a diferencia de China, con Xi Jinping, que acaba de tatuar con tinta dorada su “socialismo” en su Constitución como eje rector para el presente… y el futuro.

            Esto es  una novela negra, y la primera pregunta que se hace el detective cuando llega a la atroz escena de la carnicería criminal es: ¿quién es el principal beneficiario? ¿el envenenamiento de Skripal y su hija -que va recuperándose en el hospital- obra más a favor de  Reino Unido o de Rusia?

            El mayor beneficiario es Reino Unido que ha probado suerte, la ha tentado, después de largos meses de discusiones álgidas y avinagradas (por el  Brexit con sus socios de la UE) con el inesperado caso de Skripal ha recibido un aluvión de respaldo diplomático y hasta se ha reconciliado con sus más acérrimos críticos europeos.

            ¿Quién pierde? Rusia, su recién reelecto presidente Vladimir Putin es el menos interesado en azuzar el avispero global, él intenta pacificar Siria bien es polémico porque respalda a un dictador que es Bashar al Assad pero quiere parar el éxodo y no entregar el país a rebeldes ni a facciones que lo romperían; Putin tiene enfrente el Mundial debe asegurar que éste salga lo mejor posible con toda la máxima seguridad y sin atentados que lo empañen. Y además quiere regresar a la escena internacional:  figurar nuevamente en las reuniones del G7 del que está vetado desde la anexión de Crimea en 2014.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

           





domingo, 1 de abril de 2018

JUEGO DE ESPÍAS












 POR LA ESPIRAL
                             Claudia Luna Palencia
@claudialunapale


-Juego de espías



            Después de Vietnam, al Protocolo de Ginebra de 1925 se añadió la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción y el Almacenamiento de Armas Bacteriológicas y Toxínicas, el  10 de abril de 1972.

            También el 3 de septiembre de 1992 se firmó de manera multilateral la Conferencia de Desarme en Ginebra con el texto de la Convención sobre Armas Químicas. Lo vigila la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPCW).

            Su verdadera eficacia es muy polémica: nada más en los últimos cinco años, en el seno del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, han sido denunciadas  armas químicas en Mosul, Irak en marzo de 2013, el ISIS  usó gas sarín contra los civiles y las fuerzas militares; aunque en 2016, la CIA acusó al ISIS de rociar gas de mostaza, cloro y gas sarín en Siria.

Asimismo hay evidencias que apuntan a Bashar al Assad, el dictador sirio detrás del ataque con  sarín en Guta en 2013 que dejó un largo reguero de cadáveres en las calles, en un intento desesperado del mandatario por recuperar el bastión rebelde.

            Además de la guerra, en el último trienio a la Unión Europea (UE) le preocupa que el terrorismo de células que va desarrollándose lamentablemente en diversas partes de su territorio, pueda en dado caso escalar hacia una amenaza real química o biológica.

            El atentado con Novichok en Salisbury, Reino Unido, contra un ex espía ruso y su hija ha abierto en canal la vulnerabilidad al respecto no nada más del país británico sino de todo el club europeo. El mal puede viajar en una valija, adentro de un aerosol y dispersarse fácilmente en el objetivo civil provocando un enorme daño masivo a la vida humana y al ambiente porque las esporas se quedan flotando.

            Son muchas las interrogantes: ¿Quién y por qué lo puso? ¿Qué interés tiene Rusia con tantos frentes abiertos a nivel internacional de, además, recibir más sanciones en contra y mayores hostilidades diplomáticas cuando a su recién reelecto presidente le interesa regresar a la mesa del G-7 lo más pronto posible?

            En opinión de Simon Manley, embajador de Reino Unido en España, el único culpable es Rusia, así lo escribió bien claro y fuerte en un editorial publicado en el periódico ABC.

            “La negativa rusa a atender nuestras peticiones no ha dejado al gobierno británico más opción que concluir que el Estado ruso es culpable de un intento de asesinato, mediante el uso de un agente nervioso letal prohibido en la Convención de Armas Químicas”, aseveró el diplomático.
A COLACIÓN
            Se señala además al Novichok (A-232) una  neurotoxina en forma de gas reconocida desde 1987 que se manifiesta en forma de ataques epilépticos y conduce a la muerte.  El Kremlin afirma que fueron destruidas todas sus armas químicas y arsenales y que a la fecha no queda nada.

            En la versión oficial británica lo acontecido no es ni un intento de suicidio, ni una sobredosis accidental, ni lo han hecho los americanos para desestabilizar al mundo, ni los ucranianos para tenderle una trampa a los rusos, ni mucho menos es autosembrado por los servicios secretos ingleses  para alimentar el sentimiento antirruso.

            De hecho, Moscú ha acusado a Gran Bretaña de no respetar el artículo 9 de la Convención de Armas Químicas; hay un cruce de recelos y acusaciones, en respuesta, desde Bruselas se concedió un nuevo aval de confianza a Reino Unido (su todavía país miembro) al retirar al embajador de la UE de Rusia. 

            Y la escalada ha ido todavía más allá: 17 países del club europeo anunciaron la expulsión de varios diplomáticos rusos del territorio de sus respectivos países;  la medida la han secundado en Canadá, Macedonia, Australia y Noruega.

            Desde Washington, la respuesta a esta algarada diplomática para presionar a Moscú ha sido consecuente siguiendo igualmente el orden de expulsiones, un total de 60  incluyendo a 12 empleados en la ONU.

            Para los europeos es lo justo y en su dictamen preliminar  ha sido terrorismo; es la ventana nebulosa de las armas químicas y biológicas que ni siquiera por ética deberían de existir; ¿qué pasa si caen en manos de terroristas? Todavía flota en el ambiente el  recuerdo del ataque de gas sarín en el metro de Tokio (20 de marzo de 1995) perpetrado por la secta radical Aum Shinrikyo.

            No  hay a la fecha un estricto control en las armas químicas y biológicas más que la buena fe de confiar en la palabra de que no hay más producción o bien de que todos los arsenales han sido destruidos. Es un mundo frágil y lamentablemente en disputa de grupos radicales y criminales.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

           




PRESENTACIÓN DEL CLUB DE LA NAFTALINA EN SANTANDER

Vamos para Santander a la presentación de mi novela #ElClubDeLaNaftalina que tan buena acogida está teniendo en España; ya estuvimos en ...