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domingo, 22 de octubre de 2017

COOPERACIÓN Y DIÁLOGO INTERNACIONAL
























 POR LA ESPIRAL
 Claudia Luna Palencia
   @claudialunapale





-Cooperación y diálogo internacional



En los últimos nueve meses coincidentes con el tiempo en el poder que Donald Trump ejerce en el liderazgo de Estados Unidos, la aldea global va cimbrando sus estructuras en la medida que la nueva política diplomática de Washington enfila hacia la unilateralidad.

Hasta el momento la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se ha salvado del menosprecio del mandatario americano, que como inesperado candidato republicano a la Presidencia,  ya vociferaba en contra del orden internacional imperante.

Hay un intenso sismo en las relaciones internacionales y en las instituciones eje de dicha concordancia y concomitancia, fruto de la negociación, del reconocimiento del derecho de terceros y de la buena voluntad para sostener la paz.

El caleidoscopio actual está bastante revuelto, en palabras de Juan Antonio Moliner González, director del Gabinete Técnico de la Secretaría General de Política de Defensa de España,  “se cuestionan valores, principios que forman nuestra civilización” tales como la libertad, la democracia, el respeto, la tolerancia, la cooperación al desarrollo, el consenso, el diálogo y la seguridad.

“Sobre todo porque existe una compleja red de intereses compartidos, por tanto, abandonar el multilateralismo sería caer en la irrelevancia… debe prevalecer la coordinación”, defendió Moliner González.

En el curso de verano “La seguridad y defensa de Europa” impartido por la Universidad del País Vasco  al que yo asistí,  el militar  reiteró insistentemente que sin la cooperación que demanda el multilateralismo sería imposible ponerse de acuerdo para, por ejemplo, llevar a cabo labores humanitarias de conjunto entre países bajo el auspicio de los organismos internacionales; o bien labores de vigilancia, de patrullaje en aguas internacionales, etcétera.

“Yo puedo comentar que la Unión Europea (UE) en respeto a ese cauce de intereses compartidos es el segundo mayor contribuyente en misiones de ayuda humanitaria o de vigilancia área”, dijo.

La disconformidad  entre una y otra forma de digerir el  unilateralismo y el multilateralismo es muy sencilla de entender, esgrimió Moliner González, es tanto como la diferencia de forma en cómo abordar un conflicto: o bajo el acuerdo de un grupo de países con el aval de un  organismo internacional o bien hacerlo arropado por uno o dos países aliados cercanos.

Por eso es que la ONU -su legitimidad- es importantísima  a la hora de abordar los conflictos, defendió el estratega, que a la vez reconoció  abundantes críticas contra el organismo. “La solución a veces se transforma en parte del problema”.

Le pregunté al militar de alto rango si la ONU está quedándose rebasada por los focos rojos actuales, a lo que respondió: “Fundamentalmente nos sirve para que no perdamos de vista que es la organización que da la legalidad y la legitimidad internacional; con todas sus imperfecciones -todos queremos mejorarla- en cualquier caso la ONU tiene una gran responsabilidad para mantener la paz y la seguridad internacional”.

“Para entender su gran relevancia, nosotros en España, nuestra propia Ley Orgánica exige que para una intervención en el exterior ésta se dé respaldada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.  Para nosotros es básico el principio de la cohesión para solucionar un problema”.

¿Hemos rescatado la Guerra Fría versión 2.0? “No, yo creo que sería demasiado tajante afirmar que se ha resucitado una nueva Guerra Fría. Es verdad que los conflictos y las crisis continúan en el panorama actual con Irán y Corea del Norte. Con Rusia hay tensiones, es un gran país, pero para eso están el diálogo, la mediación y la cooperación”.

Para que la gente lo entienda de una forma más clara, matizó Moliner González el multilateralismo es “resolver unidos problemas comunes que nos importan a todos”.

A su vez, José Luis de Castro Ruano, profesor de la Universidad del País Vasco, explicó que en Europa el desenganche de Estados Unidos de la seguridad de Europa está forzando a la Unión Europea (UE)  a velar por su propia seguridad.

“Pero el repliegue de Estados Unidos ya viene de tiempo atrás, simplemente en la guerra de Libia, los aliados europeos fueron  los que junto con la ONU actuaron, asumieron su papel, y Estados Unidos tuvo una mínima participación”, destacó de Castro Ruano.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales



lunes, 16 de octubre de 2017

UNILATERALISMO MALICIOSO
























POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia
  @claudialunapale




-Unilateralismo malicioso




Hasta el momento la OTAN se ha salvado del menosprecio del presidente Donald Trump, como inesperado candidato republicano a la Presidencia ya aventuraba toda suerte de profecías en contra del multilateralismo imperante tras el final de la Segunda Guerra Mundial y también de la Guerra Fría.

Hay un intenso sismo en las relaciones multilaterales y en las instituciones eje de dicha concordancia y concomitancia, fruto de la negociación, del reconocimiento del derecho de terceros y de la buena voluntad por sostener la paz.

El brillante político estadounidense Henry Kissinger es un defensor de la multipolaridad, él entendía que cada vez nuevos jugadores clave como China se irían sumando al juego de fuerzas en la arena mundial.

El nonagenario admiraba al presidente Harry S. Truman y a su ideario: “No sólo había que derrotar a los enemigos también había que meterlos de lleno a la comunidad de naciones”.

Es decir, la pertenencia al grupo es clave, toral, vital e importantísima  para  dirimir los conflictos y sostener el equilibrio en las fuerzas del poder, quizá por eso una forma de castigo para los países cuyos líderes violan los acuerdos de forma unilateral es precisamente excluirlos del concierto internacional; para cuando es necesario entrar en una acción beligerante también se lleva a cabo con el consenso de la comunidad internacional.

Muy bien, pero, ¿qué pasa cuando el que se quiere ir del multilateralismo es precisamente el país que hilvanó una a una las reglas, normas e instituciones del orden mundial forjado  desde hace 72 años?

En el fondo, ¿cuál es el mensaje que está enviando Trump con la ruptura? ¿Qué es lo que él ha percibido como inservible y poco funcional? A tal grado que en su idea ejecutiva, lo digo desde la postura de empresario, no quiere seguir pagando más del erario estadounidense para sostener el entramado.

Y no es sólo sostenerlo con dinero-aportaciones pecuniarias (o con tropas en el caso de la OTAN) es la idea de irse; en primera instancia  hay un desdén hacia poco más de setenta décadas del orden mundial establecido.

En segunda, una violación de los acuerdos globales porque de pronto, de manera unilateral, el inquilino de la Casa Blanca en nueve meses de ejercer como presidente decide, con aire de suficiencia  y prepotencia, atentar contra el multilateralismo (que es precisamente el reconocimiento a los demás, a la existencia y el derecho de los otros países).

Al decir “nosotros nos alejamos y nos cerramos”, la nueva diplomacia (sic) estadounidense proporciona el pretexto perfecto para que muchos otros países  lo secunden. Porque si el gigante americano cree que puede sostenerse sin grandes tratados comerciales, sin pertenecer a los organismos internacionales… muy seguramente otras naciones acostumbradas a violentar constantemente ese orden establecido harán lo propio.

Que  sea uno y después dos, tres, cuatro o más países los que  poco a poco  vayan rompiendo acuerdos, saliéndose de éstos, retirando su apoyo en todos los sentidos a los organismos internacionales llevará a romper el molde heredado de la Segunda Guerra Mundial.
A COLACIÓN
No creo en el unilateralismo porque es la ley del viejo oeste  un “yo marco mi territorio, yo pongo mis reglas de convivencia, yo estipulo las normas y a quién no les guste que se atenga a las consecuencias”.

Eso mismo es lo que peligrosamente está llevando a cabo Trump: comenzó su mandato –en enero de este año- sacando a Estados Unidos (Chile ya amenazó con irse) del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) que signó su antecesor el presidente Barack Obama para darle cuerpo al mayor tratado del orbe, un tercio del comercio internacional; después le disparó a la OTAN, no dudó en recriminar a los mandatarios europeos sus aportaciones y  en tono irónico inauguró las nuevas “y lujosas instalaciones de la OTAN pagadas por los americanos”.  Están prendidos con alfileres.

Con México y Canadá está a punto de enterrar el NAFTA-TLCAN porque prefiere acuerdos bilaterales bajo sus condiciones; la semana pasada retiró a Estados Unidos de la UNESCO en protesta por un sesgo –que vienen objetando desde hace unos años en la Unión Americana- propalestino por la inclusión en 2011 de Palestina y en julio pasado por añadir a Hebrón y la mezquita de Ibrahimi en la lista del patrimonio del organismo. Acto seguido, Israel anunció que también abandonará la UNESCO.

El nuevo  manotazo está por caer: Trump quiere desconocer el acuerdo con Irán que es obra directa de la intensa mediación de la Unión Europea (UE) entre ambas naciones para distender las relaciones entre EUA e Irán. Y es un acuerdo firmado en protocolo de mediación con varios países europeos como garantes del mismo. Pero Trump  es tan Trump que lo va desconocer unilateralmente. Las consecuencias de vivir en un mundo en el que impera la ley de cada quien serán una vía hacia un pronto desastre…
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales




domingo, 10 de septiembre de 2017

11-S: UN MUNDO MÁS INSEGURO






















  POR LA ESPIRAL
  Claudia Luna Palencia
 @claudialunapale





-11-s: un mundo más inseguro





            Otro aniversario luctuoso de los atentados del 11 de septiembre acaecidos en Estados Unidos y considerados como un parteaguas –un antes y un después- en la geopolítica.

            Pero también en la ciberinteligencia y sobre todo en la vuelta al rearme del mundo, el enfriamiento de la Guerra Fría tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la URSS y sus países aliados dejó una década de suspiros aliviados entre dos tradicionales antagonistas: Estados Unidos y Rusia.

No obstante, después de 2001, el cauce de los acontecimientos en Medio Oriente ha devuelto a la pequeña gran aldea global a una Guerra Fría 2.0 otra vez con territorios y escenarios altamente sensibles para los intereses de Washington y de Moscú.

Me parece que la primera gran lección de los atentados terroristas en Estados Unidos revela que no hay enemigo pequeño y sobre todo desvela un determinado grado de vulnerabilidad por una seguridad porosa.

Guardadas las proporciones del caso, durante la Segunda Guerra Mundial, la aviación japonesa atacó por sorpresa  a Pearl Harbor,  el puerto en Hawaii con una importante artillería aeronaval norteamericana.

La flota del Pacífico sufrió considerables bajas así como miles de soldados muertos (2 mil 403)  dejando a otros tantos miles heridos por el albazo nipón… a traición,  un domingo de descanso, y sin previa declaración de guerra.

El 7 de diciembre de 1941 está tatuado en la Historia de Estados Unidos pero también en la Segunda Guerra Mundial, porque al día siguiente el presidente  Franklin Delano Roosevelt metió a su país en combate.

A “esta fecha que vivirá en la infamia” hay que añadirle otra igualmente dolorosa: la del martes 11 de septiembre de 2001 en el corazón de Nueva York un ataque coordinado (también de mañana) por un grupo  que  reivindicó el terrorismo como arma letal, como instrumento de horror, para sembrar el miedo en sociedades acostumbradas a vivir en democracia y bajo la bandera de la libertad.

Son terroristas que actúan en nombre propio lo que dificulta la capacidad de respuesta de la nación atacada de esta forma, ¿a qué país se le declara la guerra? ¿Contra quién se salda la afrenta? Estados Unidos vivió otro Pearl Harbor, pero en Manhattan.

Entre los rumores, las verdades a medias y la expectativa, un nombre y un grupo surgieron como los culpables de los atentados: Usama Bin Laden y Al Qaeda. Mohamed Atta y  Marwan  al Shehhi eran miembros de la banda terrorista.

El enclave de la organización, según el Pentágono, es Afganistán. Y los soldados estadounidenses  fueron desplazados hasta allá con sus balas y sus armas; con sus bombas para buscar a los líderes y actores intelectuales del 11-s, aunque la mayoría fueran ciudadanos de Arabia Saudita, el presidente George W. Bush aprobó la respuesta bélica sobre de Afganistán. 

La intromisión estadounidense en el país afgano (en los setenta del siglo pasado estuvo invadido por la URSS) trajo de vuelta la Guerra Fría en versión 2.0, Rusia, China, Irán y por supuesto Corea del Norte han visto con enorme recelo y suspicacia el desplazamiento militar americano hacia Medio Oriente y después a Asia con el THAAD.
A COLACIÓN
Ahora que Estados Unidos se alista nuevamente para enviar más tropas a  Afganistán, con la suficiente distancia en el tiempo de los sucesos del 11-s es innegable que las fuerzas supremacistas estadounidenses supieron cómo sacar ventaja de los atentados porque, sin duda, han sido un boomerang para promover cambios en muchos países árabes y hacerlo además fortaleciendo la posición regional de Arabia Saudita… su aliado por conveniencia.

En esa primera lectura, el mundo es hoy en día muy distinto a lo que era 16 años atrás pero no es mucho más seguro sino más vulnerable en la medida que el terrorismo de células se propaga con su aparente desorganización porque el enemigo no es un territorio en sí mismo, el enemigo duerme en casa dispuesto a despertar -bastante enojado- en cualquier momento y a inmolarse provocando daños devastadores.        

La interrogante es: ¿qué pasará el día que suceda un magno atentado con bombas químicas, biológicas o material radioactivo? Y desgraciadamente sea perpetrado por un grupo de ciudadanos que deciden actuar contra el propio país en el que viven.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales



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