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lunes, 10 de septiembre de 2018

A TRUMP LE BENEFICIARÍA OTRO 11-S

























La periodista hispanomexicana Claudia Luna Palencia foto del 6 de septiembre de 2018




POR LA ESPIRAL
                            Claudia Luna Palencia
@claudialunapale



-A Trump le beneficiaría otro 11-s




            Lo único que puede salvar a Donald Trump de pasar por la decimoquinta enmienda de la Constitución de la Unión Americana es otro atentado similar, o al menos, de la misma envergadura que los hechos funestos del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. 

Con la rebelión oculta al interior de su gobierno y por supuesto de un partido como el Republicano que no sabe cómo sacudirse al presidente Trump calificado como “loco” por varios republicanos y sobre todo por muchos de los expulsados de las filas cercanas de su gabinete, se viven las horas más turbulentas en un período cortísimo de tiempo que no tiene parangón alguno en Estados Unidos.

A lo largo de estos días que he recordado los previos a los atentados y todo cuanto sucedió en su momento y la reacción norteamericana,  si hay algo en lo que concordamos es que desde entonces, la aldea global no volvió a ser la misma. Fue un parteaguas.

Todo tipo de tesis se han dado en derredor: si fue un autoatentado o en efecto, la audacia de Al Qaeda y qué tanto la mano de la CIA está detrás; cuando yo escribí “La Política del Miedo” mis primeras páginas iniciaron justo el lunes 11 de septiembre de 2001 cuando media humanidad nos convertimos en testigos mediáticos de los avionazos en las Torres Gemelas y sus posteriores desplomes.

Todavía recuerdo los ojos hipnotizados en la pantalla, el miedo en el cuerpo temblando en boca de la incertidumbre, me preguntaba si estaba atestiguando otro Pearl Harbor… el  meollo es que no sabíamos quién era el enemigo invisible.

Hubo tantas hipótesis y versiones de conspiración: que si los judíos no fueron a trabajar, que si la  CIA, que si George W. Bush estaba avisadísimo y por eso estaba en Florida aquella mañana maldita del 11 de septiembre de 2001… hace 17 años.

En realidad, en este oscuro caso, han habido muchas mentiras y muy seguramente demoraremos años en saber la verdad… yo escribí mi primer libro basado en documentos de análisis de la CIA y en el testimonio directo de un ex agente de la CIA que, por cierto estuvo en el incidente del submarino ruso que dio origen a  un libro y posterior película: “La caza del octubre rojo”; él, ahora ya fallecido, me facilitó los documentos en los que menciono que Estados Unidos en 2001, avizoraba que después de 2015 entraría  en conflicto con Corea del Norte, China y hasta habría una posible guerra con Irán.

Quizá lo que más me sorprendió de mi investigación fue desmontar la primera mentira: no hubo judíos ese día trabajando en las Torres Gemelas porque “alguien les avisó”… pues resulta que sí había judíos.

De hecho contacté a un superviviente: Russell Moskowitz, él trabajaba en la Torre Sur en el piso 79 para el Fuji Bank, en mi libro narro su odisea para llegar vivo abajo y salir ileso.
A COLACIÓN
            También contacté a uno de los ingenieros de las torres que participó directamente en la construcción de ambas moles: los terroristas malévolos que estrellaron ambos aviones, cada uno en las respectivas torres, sabían bien que había que atacar el  núcleo de ambas para derribarlas; jugaron entonces con la energía cinética entre masa, volumen y velocidad.

            Al final, “la combustión  de 90 mil litros de queroseno vertidos  por cada avión hirviendo a 800 grados centígrados venció la resistencia” dejándonos a todos mudos en medio de su derrumbe con miles de víctimas inocentes cuyas vidas fueron arrancadas de cuajo.

            Ha sido un punto de inflexión para el terrorismo, nada se puede comparar, y digerirlo atraganta cuanto  más porque fue perpetrado por personas de Arabia Saudita, un país aliado tradicional de Estados Unidos.

            Un país, al que la alianza de la OTAN convocada por el mandatario Bush no bombardeó, porque fue por un chivo expiatorio más débil como Afganistán porque se dijo, era guarida de Usama Bin Laden y otros cerebros del 11-s.

     Hace unos años salió a la luz la entrevista que le hicieron entonces al presidente ruso Vladimir Putin, él habló unas horas antes con Bush para alertarle que “se estaba preparando un gran atentado terrorista contra la nación americana”.

            Obviamente a Putin le interesaba dejar en claro que Rusia no tenía nada que ver, esa llamada ya confirmada por medios oficiales, sucedió minutos después del asesinato  de Ahmad Shah Masu, líder de la Alianza del Norte, en Afganistán;  lo mataron dos falsos reporteros el 9 de septiembre de 2001 llevaban una bomba oculta en la cámara.
            Putin cogió el teléfono al poco, le dijo a  Bush que tenía información que era el principio de una gran escalada terrorista que cambiaría el curso de la historia. Y así fue… hoy a Trump un hecho similar le dejaría en la Casa Blanca.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

           








domingo, 10 de septiembre de 2017

11-S: UN MUNDO MÁS INSEGURO






















  POR LA ESPIRAL
  Claudia Luna Palencia
 @claudialunapale





-11-s: un mundo más inseguro





            Otro aniversario luctuoso de los atentados del 11 de septiembre acaecidos en Estados Unidos y considerados como un parteaguas –un antes y un después- en la geopolítica.

            Pero también en la ciberinteligencia y sobre todo en la vuelta al rearme del mundo, el enfriamiento de la Guerra Fría tras la caída del Muro de Berlín y el desmantelamiento de la URSS y sus países aliados dejó una década de suspiros aliviados entre dos tradicionales antagonistas: Estados Unidos y Rusia.

No obstante, después de 2001, el cauce de los acontecimientos en Medio Oriente ha devuelto a la pequeña gran aldea global a una Guerra Fría 2.0 otra vez con territorios y escenarios altamente sensibles para los intereses de Washington y de Moscú.

Me parece que la primera gran lección de los atentados terroristas en Estados Unidos revela que no hay enemigo pequeño y sobre todo desvela un determinado grado de vulnerabilidad por una seguridad porosa.

Guardadas las proporciones del caso, durante la Segunda Guerra Mundial, la aviación japonesa atacó por sorpresa  a Pearl Harbor,  el puerto en Hawaii con una importante artillería aeronaval norteamericana.

La flota del Pacífico sufrió considerables bajas así como miles de soldados muertos (2 mil 403)  dejando a otros tantos miles heridos por el albazo nipón… a traición,  un domingo de descanso, y sin previa declaración de guerra.

El 7 de diciembre de 1941 está tatuado en la Historia de Estados Unidos pero también en la Segunda Guerra Mundial, porque al día siguiente el presidente  Franklin Delano Roosevelt metió a su país en combate.

A “esta fecha que vivirá en la infamia” hay que añadirle otra igualmente dolorosa: la del martes 11 de septiembre de 2001 en el corazón de Nueva York un ataque coordinado (también de mañana) por un grupo  que  reivindicó el terrorismo como arma letal, como instrumento de horror, para sembrar el miedo en sociedades acostumbradas a vivir en democracia y bajo la bandera de la libertad.

Son terroristas que actúan en nombre propio lo que dificulta la capacidad de respuesta de la nación atacada de esta forma, ¿a qué país se le declara la guerra? ¿Contra quién se salda la afrenta? Estados Unidos vivió otro Pearl Harbor, pero en Manhattan.

Entre los rumores, las verdades a medias y la expectativa, un nombre y un grupo surgieron como los culpables de los atentados: Usama Bin Laden y Al Qaeda. Mohamed Atta y  Marwan  al Shehhi eran miembros de la banda terrorista.

El enclave de la organización, según el Pentágono, es Afganistán. Y los soldados estadounidenses  fueron desplazados hasta allá con sus balas y sus armas; con sus bombas para buscar a los líderes y actores intelectuales del 11-s, aunque la mayoría fueran ciudadanos de Arabia Saudita, el presidente George W. Bush aprobó la respuesta bélica sobre de Afganistán. 

La intromisión estadounidense en el país afgano (en los setenta del siglo pasado estuvo invadido por la URSS) trajo de vuelta la Guerra Fría en versión 2.0, Rusia, China, Irán y por supuesto Corea del Norte han visto con enorme recelo y suspicacia el desplazamiento militar americano hacia Medio Oriente y después a Asia con el THAAD.
A COLACIÓN
Ahora que Estados Unidos se alista nuevamente para enviar más tropas a  Afganistán, con la suficiente distancia en el tiempo de los sucesos del 11-s es innegable que las fuerzas supremacistas estadounidenses supieron cómo sacar ventaja de los atentados porque, sin duda, han sido un boomerang para promover cambios en muchos países árabes y hacerlo además fortaleciendo la posición regional de Arabia Saudita… su aliado por conveniencia.

En esa primera lectura, el mundo es hoy en día muy distinto a lo que era 16 años atrás pero no es mucho más seguro sino más vulnerable en la medida que el terrorismo de células se propaga con su aparente desorganización porque el enemigo no es un territorio en sí mismo, el enemigo duerme en casa dispuesto a despertar -bastante enojado- en cualquier momento y a inmolarse provocando daños devastadores.        

La interrogante es: ¿qué pasará el día que suceda un magno atentado con bombas químicas, biológicas o material radioactivo? Y desgraciadamente sea perpetrado por un grupo de ciudadanos que deciden actuar contra el propio país en el que viven.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales



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