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miércoles, 14 de marzo de 2018

SOCIALISMO VS.CAPITALISMO: DUELO DIÁLECTICO











POR LA ESPIRAL
                               Claudia Luna Palencia
@claudialunapale



-Socialismo vs. Capitalismo: duelo dialéctico


            ¿No gobierna el emperador de Japón de por vida? ¿No gobierna la reina de Inglaterra de por vida? ¿Por qué entonces no puede gobernar de por vida nuestro presidente? Las palabras de Chen Jinshi, legislador miembro de la Asamblea Nacional Popular (ANP) China, han resoplado como cristales rotos  levantados por el vendaval.

            El vendaval es político, revulsivo, revolucionario y al mismo tiempo retrógrada, antihistórico, regresivo y peligrosamente contradictorio porque contra todo pronóstico globalizador, liberal, democrático y a favor de la división del poder lo revoca todo concentrándolo en una sola figura: el partido y el presidente como una unidad indivisible.

       China vuelve por sus pasos para ser… China. La piedra angular de la reforma constitucional aprobada por la ANP el domingo 11 de marzo pasa por refortalecer el Partido Comunista y a la figura presidencial; el primero, lo hace el timonel del barco asiático como en los viejos tiempos de Mao Zedong, el segundo, lo erige en la triada del poder al frente del Comité Militar Central, la Secretaría General del Partido Comunista y de la Jefatura del Estado.

  A partir de esta contrarreforma a las ideas descentralizadoras y fragmentarias del poder político en aras de la democracia inspiradas en Deng Xiaoping   en 1982, la figura del actual mandatario en funciones Xi Jinping crece exponencialmente hasta elevarse al  trono de moderno emperador… gobernar hasta que la muerte lo separe del poder.

   Es un legado a contracorriente del consenso de Washington, del mismo que puso  la piedra angular del neoliberalismo por allá en la década de los 1980 cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher, se convirtieron en padres del engendro del neoliberalismo e incipientes impulsores de la globalización.

   Hasta el día de hoy la pugna ideológica concede al liberalismo económico la llave para la democracia, el uno no se puede entender sin lo otro, así lo aducen analistas como Norberto Bobbio con argumentos pétreos que conceden al Estado liberal la taumaturgia de crear un Estado democrático  “interdependiente en dos formas”; según Bobbio, en la línea que va “del liberalismo a la democracia en el sentido de que son necesarias ciertas libertades para el correcto ejercicio del poder democrático” así como que es indispensable “el poder democrático para garantizar  la existencia y la persistencia de las libertades fundamentales”.

        “La prueba histórica de esa interdependencia está en el hecho de que, el Estado liberal y el Estado democrático cuando caen, caen juntos”,  según Bobbio en su libro “El futuro de la democracia”.

      El filósofo italiano que falleció en Turín en 2004  ignora el resurgimiento del totalitarismo que utiliza a la democracia, a sus propios canales y también al incremento de la apatía ciudadana en cada elección, para  usar recovecos en la ley para reformar la Constitución y a partir de asambleas constituyentes iniciar procesos que tienen de todo menos los ingredientes de una democracia que evita la concentración del poder en manos de una persona así como de un partido político. Reformar a la Constitución para restarle participación al Legislativo y darle más potestades al Ejecutivo.
A COLACIÓN
     Los nuevos totalitarismos en democracia son una realidad amenazante:  corren el riesgo de extenderse como si fuera una pandemia, el poder es la droga más potente, la  mayor adicción y no hay vacunas  lo suficientemente fuertes: lo saben en Venezuela con Chávez y Maduro; con los sandinistas en Nicaragua; Evo Morales en Bolivia… ahora es China con Xi Jinping,  en Rusia se lo preguntan incesantemente al presidente Vladimir Putin en plena campaña presidencial rumbo a las votaciones del domingo 18 de marzo; en Egipto, su  mandatario Abdel  Fattah al-Sisi  lo suspira y en cada país cuyos líderes retornan una y otra vez incesantemente al poder es porque ese afán protagónico y hasta cierto punto mesiánico-obsesivo (elegido por el destino o bien una fuerza divina para resolver los problemas nacionales) nos los deja vivir en paz. Tienen que mandar, deben estar al frente.

        Las reformas comienzan poco a poco y luego terminan abruptamente arrollándolo todo; primero van por reformas constitucionales atacando el núcleo duro de los artículos que impiden la reelección  para ablandarlos o de hecho eliminarlos para restar las trabas; si dos mandatos consecutivos son el límite se quita mediante un proceso legitimado por el Legislativo en una asamblea constituyente; después van por más tatuando la reelección consecutiva o ilimitada y terminan dándole al presidente todo. Son los nuevos totalitarismos de mercado legitimados en democracia.

            ¿Quién los puede cuestionar? Si distan mucho de ser el añejo modelo de la URSS o de la anquilosada Cuba que se quedó orbitando sola en el océano de la globalización porque ha llegado tarde a todo.

            ¿Quién le va a decir a la todopoderosa China que no puede reformar su Constitución para legitimar la entronización de su presidente Xi Jinping? ¿Alguien le va a refutar o cuestionar dicha potestad política a la economía que hoy en día enarbola el estandarte de la globalización y el liberalismo económico?

            ¿Será Washington y su consenso de la democracia y el libre mercado (el orden de los factores no altera el producto según sus premisas) el que cuestionará que el Partido Comunista de China (PCCh) recobre su papel protagónico y hegemónico en el sino del país más poblado del mundo?

            ¿Quién le parará los pies al presidente Xi Jinping que ha decidido en  este  paquete de reformas  políticas torales insertar a la propia Carta Magna –casi con letras de oro- su papel socialista y modernizado?

            Para como van las cosas, en los albores del siglo XXI, el socialismo irreverente no sólo no se ha muerto, no sólo el capitalismo en su fase neoliberal y globalizadora no lo aniquiló,  sino que lo ha fortalecido; el socialismo ha mutado, se ha adaptado a los nuevos tiempos, como lo hacen las bacterias ante los antibióticos. Hoy usa a la democracia y al libre mercado para hacerse más y más indestructible…

Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

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